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miércoles, 22 de abril de 2015

PLANTAS MEDICINALES: DEL USO TRADICIONAL AL CRITERIO CIENTÍFICO

INTRODUCCIÓN
Libro del Génesis. Capítulo primero. Creación del mundo
“.....11 Dijo asimismo: Produzca la tierra hierba verde y de simiente y plantas fructíferas, que den fruto conforme a su especia, y contengan en si mismas su simiente sobre la tierra. Y así se hizo. 12 Con lo que la tierra produjo hierba verde, y que da simiente según su especie, y árboles que dan fruto, de los cuales cada uno tiene su propia simiente según su especie. Y vio Dios que esto era bueno. 13 Y de la tarde y la mañana resultó el tercer día” (10) Tanto la Biblia como la historia evolutiva de nuestro planeta, sitúan la aparición de las especies vegetales con gran anterioridad a la aparición en el mismo de los seres del reino animal.
Son y han sido, por tanto, condición indispensable para la vida de multitud de especies animales y por supuesto del hombre.
Las especies vegetales han constituido, además de alimento, el remedio primero a los problemas de salud inherentes a la condición humana. El hombre antiguo, utilizando su propio instinto, observando
a los animales y a través del conocimiento empírico que se sustenta en el cotejo de aciertos y errores, aprendió a distinguir las especies vegetales dañinas de las que podían serle de utilidad.
Se puede concluir por tanto, que la fitoterapia entendida como la “utilización de los productos de origen vegetal, con fi nalidad terapéutica, ya sea para prevenir, para atenuar o para curara un estado patológico” (11), es tan antigua como el hombre. El empleo terapéutico de las especies vegetales fue la base principal de la medicina de la Grecia clásica y la medicina árabe. Y, a pesar del gran oscurantismo de la Edad Media, se retoma su estudio con carácter científi co en el Renacimiento (S. XV y XVI) y ve notablemente ampliada su farmacopea con las especies vegetales procedentes de las Indias Orientales y Occidentales tras el descubrimiento de América.
El gran desarrollo botánico a partir del siglo XVI, en que comienzan a cultivarse Jardines botánicos con el fi n de estudiar y clasifi car las plantas y anotar las virtudes atribuidas a cada especie estudiada, permitió que a  finales del siglo XVIII, la medicina contase con un importante conocimiento de las especies vegetales de uso medicinal, plasmado en textos en que se describe cada especie detalladamente, se dan pautas de administración, se empiezan a conocer los mecanismos de acción y también se anotan las indicaciones que  se consideran más apropiadas. Debe considerarse que, al igual que para las especies vegetales, este estado de conocimiento alcanza a los productos de uso terapéutico procedentes del reino animal y mineral.
En el siglo XVIII, se da un gran paso en el desarrollo científico de la medicina en general y del uso terapéutico de las especies vegetales en particular, con la aparición de la Farmacognosia, término y concepto que incluye Seydler por primera vez en su obra Analecta Pharmacognostica (1815). Gracias al desarrollo de esta ciencia, conjuntamente al de la química, la biología y otras ciencias naturales, se empezó a conocer la composición química de las drogas de origen natural, cuáles eran las sustancias activas y los mecanismos de acción de las mismas, al tiempo que se mejoró el conocimiento acerca de la composición del cuerpo humano y animal, indispensable para poder estudiar los mecanismos de la enfermedad y de las drogas utilizadas para su alivio o curación.
Aunque simplifi cando extremadamente -ya que no es el objetivo de este trabajo una revisión histórica de la medicina-, puede decirse que en el siglo XIX, el aislamiento de los componentes más activos de las drogas vegetales, cuyo hito histórico marcó Derosne, al aislar del opio lo que se llamó la “Sal de Derosne” o narcotina, en 1803, y la síntesis industrial del ácido acetilsalicílico emprendida por Félix Hoffmann (químico de la casa Bayer) en 1893, son hechos destacados y emblemáticos que marcaron los inicios de la farmacología de síntesis cuyo desarrollo culminaría en las importantes moléculas fruto de la investigación llevada a cabo durante el pasado siglo XX y hasta nuestros días.
Desde la eclosión de los fármacos de síntesis que forma la base de la terapéutica ofi cial de los países occidentales, las plantas de uso medicinal han seguido teniendo, no obstante, un lugar principal en el desarrollo de la farmacología. Se calcula que existen en el mundo más de 250 mil especies vegetales; de entre ellas se consideran como potencialmente medicinales unas 12 mil especies, pero debe tenerse en cuenta que solo se tiene conocimiento científico de un 10% del total de las especies (2). Debido a su complejidad química, las plantas consideradas medicinales han constituido y constituyen una fuente valiosísima de principios activos y de modelo para la síntesis o hemisíntesis química de numerosos e importantes medicamentos.
Y no hablamos solo de fármacos antiguos -aunque totalmente vigentes- como la aspirina (Salix alba y Spiraea Ulmaria), la morfi na (Papaver somniferum), la atropina (Atropa belladonna), la colchicina (Colchico autumnale), la digoxina (Digital purpurea), etc., ya que entre estos medicamentos con origen en el reino vegetal se encuentran también importantes quimioterápicos: vincristina y vinblastina (Catharantus roseus), taxol ( Taxus brevifolia); o, por poner otro ejemplo, las revolucionarias estatinas originariamente procedentes de diversos hongos que, aunque botánicamente constituyan un reino propio, a efectos prácticos de uso terapéutico se engloban en la defi nición de sustancias vegetales susceptibles de acogerse a la condición de Medicamento Tradicional a base de plantas. Sin embargo, a pesar de que en la actualidad, en España, en el Catálogo General de Medicamentos editado por el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos (13), se encuentran 150 medicamentos que tienen en su composición productos extractivos de plantas medicinales, debe considerarse que, a partir de la eclosión y gran desarrollo de la medicina de síntesis, con moléculas activas de características bien definidas y patentables, el uso de las plantas medicinales de uso tradicional (de composición compleja, indicaciones múltiples y mecanismos de acción no siempre bien conocidos), quedó relegado durante muchos años, ante la comunidad científica, a un discreto segundo plano y en muchas ocasiones banalizado y estigmatizado bajo la consideración de “remedio casero”.

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